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Sinceramente no sé por dónde empezar a escribir, así que escribo esto en una suerte de avisarle a mi alma que llegó su hora de hablar, de expresarse, de hacerse escuchar un poquito más con fuerza. Por momentos siento que puja por salir pero que termina siendo bloqueada por múltiples razones que aún no termino de detectar. 

Parece que en enero pusimos primera, segunda, tercera y como quien no quiere la cosa llegamos a junio en un solo aventón. ¿Cuántos proyectos no se concretaron? ¿cuántas ideas quedaron en el tintero? Y quisiera no hacer foco en esto porque también fueron muchas las que sí se concretaron, las que sí se escribieron. Pero no puedo hacerme la boluda y creer que todo lo que no fue no significó algo para mí. Con cada puerta que se cierra, además de abrirse una ventana, también se nos apaga o atenúa una ilusión, un proyecto, una misión. Quedaron ahí latiendo y por algún motivo no pudieron ser, esta bien, lo acepto porque soy creyente de que todo pasa por algo y lo que no pasa también. Pero que dificil es empezar otra vez Y OJO, dije dificil, no imposible. Empezamos otra vez las veces que sean necesarias, moldeamos los sueños las veces que sean necesarios, repensamos el  presente las veces que sean necesarias, sí, así como escuchas: las veces que sean necesarias.

Me recomiendo estar alerta porque cuando una puerta se cerró aprendí a encontrar la ventana abierta pero ahora, en otra casa, en la de en frente o a la vuelta de la esquina. Me gusta escribir con metáforas, quizás solo yo las entienda o vos que estás del otro lado le des tu propio significado, el que se adapte a vos, el que te permita leerte, escucharte, repensarte. Celebro eso. Y también celebro las amistades que son compañía mientras paseo por el vecindario buscando la ventana por la que salga olorcito a budín de limón recién horneado. Ahí donde el amor está esperando servido en la mesa. Dije amor, porque para mí los nuevos proyectos son una forma de vivirlo y recordemos que tengo una frase de cabecera: "el amor como plan de vida"... no puedo entrar por ninguna ventana de la que no vea el amor servido en la mesa. 

Y ya que hablamos de amor: ampliemos todo lo vivido en este abrir y cerrar de ojos de enero a junio... mejor de diciembre a junio porque siento que mi año empezó antes de terminar el anterior. (Sí, mi calendario corazón se rige por el sentir y no por los números de un papel) ... Como dije anteriormente, hubo mucho que no se dió pero también mucho que sí SE ESTÁ DANDO, en presente y en mayúscula porque se me hace tan cuesta arriba vivirlo,  que me parece importante detenerme a respirar hoy. 

Soy Flor, tengo 25 años y hoy es primero de junio de 2025. 
Un gato me adoptó, se llama Poplíteo y hoy es un gran motivo por el que mi mundo gira más despacio. Cerré Buscando Florcer, aún me queda mucho por vender, no tengo energías para hacerlo. Lo acepto, lo respiro y lo suelto. Sé que ya lo podré hacer. Soy voluntaria en la misma organización hace seis años y me resulta maravilloso el prensente que estamos transitando, estoy cosechando muchos frutos que fueron sembrados tiempo atrás. Retomé la facultad, me cuesta convencerme de avanzar, por momentos me autosaboteo pero ahí voy trabajando por confiar en mi formación profesional. Valorando cada día más mis vinculos, aceptando aquellos que ya no son, ni vibran conmigo. Encarando un nuevo proyecto con un amigo, se llama Raabta y estoy espectante de lo que pueda suceder. Mi familia bien, mi bisabuela tiene 102 años, mi papá se enamoró, mi mamá confía en su emprendimiento. Se murió mi perra Cincuenta y ahora estoy llorando por ello. Aprovecho a recordarme tres cosas que ella me enseñó: amor, gratitud y lealtad. Sigo caminando muy cerquita de mi hermano mayor, aprendiendo el uno del otro. Empecé terapia, me lesioné jugando al futbol y se me dió por romantizar la situación creyendo que era un mensaje del universo para que frenara y me ocupara de mí. Lo hice. Pero aún me queda pendiente sostener en el tiempo las acciones que me brindan bienestar. Soy parte de los proyectos de otras personas, aprendo sobre ellos, les doy colores, formas, palabras y comunico. Me sienta bien la tarea de comunicar. Estoy de novia, aprendiendo de mí nueva versión en el amor con él... descubriendo nuevos deseos, proyectos y formas de querer. Otro que me enseña a vivir más despacito. Sin querer, queriendo me siento en una familia de tres: él, yo y Poplí. Me resulta maravilloso encontrarnos los tres, enroscados entre sábanas y almohadas, llenísimos de amor, sonriendo, suspirando. Por supuesto que pincharé un poco la burbuja y comunicaré que no todo es color de rosas y estamos todos los días aprendiendo a entendernos y construir lo que es de los dos (o de los tres). Fortalecí la idea de la importancia que tiene saber comunicarnos, expresarnos y sobre todo escucharnos.

Por momentos me siento caminando por el vecindario, muchas ventanas abiertas, mucho olor a budincito de limon recién horneado. Pero no quiero entrar en ninguna, así que por ahora, sigo caminando, aceptando y procesando todo lo que vivo. Quizás me siento en algún que otro banquito al pasar, a veces necesito descansar. Llevo mi mochila, tengo muchas casitas que visitar. En todas se sirve el amor en la mesa, en todas me siento en casa. Por momentos me siento caminando por el vecindario, agradeciendo, aceptando, soltando, agarrando con fuerzas ... Caminando a mi propio terreno en el que día a día voy poniendo un ladrillito más. Quizás este paso a la vida adulta, me esté costando pero sé que es por acá. 

Ojalá nadie lea esto, es solo un momento en el que decidí descargar. Pero si leíste hasta acá, ojalá encuentres lo que te resuene. Te abrazo, vas bien. 




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